Terminé viendo esta película más por casualidad que por otra cosa, aunque no me puedo negar a Cronenberg, menos si están involucrados James Woods y Debbie Harry. Cronenberg es el papá del body horror, un género basado sólidamente en la destrucción o degeneración del cuerpo a partir de enfermedades, mutaciones o mutilaciones, mucho más cercano a cada uno de nosotros que un fantasma o un demonio. Cronenberg ya tenía encima joyas del género como Rabid, The Brood y Scanners (la de la infame escena), y se consagró en la combinación de body horror y tecnología tres años después con The Fly. Videodrome es, en sus palabras, uno de los guiones más extremos que haya escrito, aunque la versión fílmica es mucho más light que el guión original, desarrollado a partir de su propio miedo infantil de sintonizar por televisión algo que no estuviera hecho para el público. Max Renner, en su búsqueda de material nuevo para el canal sensacionalista en el que trabaja, se encuentra con una transmisión de lo que él piensa que son videos falsos de asesinatos y tortura. Después de descubrir que es snuff real inicia una plétora de imágenes y sucesos extraños, desde la psiquiatra sadomasoquista con la que se enreda hasta la relación que crea con el filósofo Brian O’Blivion y su visión de un mundo en el que la televisión reemplaza todo aspecto de la vida cotidiana. Súmenle un hueco en el abdomen que traga cintas como un VHS, una mano-pistola de carne, alucinaciones, paranoia y asesinatos, y tienen Videodrome. En 1983 la televisión era todavía algo relativamente nuevo y era fácil predecir que iba a acaparar una parte sustancial de la vida del hombre moderno, que iba a cambiar su forma de percibir y relacionarse con el mundo, por lo que mi aspecto favorito de esta película es cómo refleja, en el lenguaje deforme y crudo de Cronenberg, el miedo del mundo a una revolución desconocida, a temer el universo incontrolable que pudiera contener un aparato cotidiano. El gran aporte del director es, creo, que se esfuerza por mezclar muy escuetamente el terror corporal con elementos habituales, una especie de equivalente cinematográfico a lo que hizo Palahniuk con Haunted, para dejarlo a uno pensando en cuántos objetos de los que tiene en su propia casa pueden albergar peligros que la imaginación de cualquier pobre cristiano jamás podría concebir.
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