Tenía muchas ganas de ver esta película después de la primera vez que vi el gif de su escena más famosa. Esta es la opera prima de Adam Robitel, cuya experiencia en el cine de terror se reduce a haber salido en 2001 Maniacs junto a Robert Englund. Parece que le funcionó, porque no solo hizo una muy buena opera prima de terror sino que además ya metió mano al guión de la última de Actividad Paranormal y está trabajando en una película sobre una familia de asesinos seriales que aparentemente está produciendo Guillermo del Toro. Ojo a que dije que es una muy buena opera prima de terror. Como película de terror, le queda faltando el centavo para el peso. A mí me gustó, porque me gustan las películas de terror en las que medio borran la línea entre fenómenos paranormales y eventos de la vida real que son más miedosos que cualquier película, en este caso la línea entre Alzheimer y la posesión de un espíritu maligno. La protagonista es una señora muy puestecita en su sitio, la nominal Deborah Logan, a la que cuida su hija y que accede a que graben un documental sobre su Alzheimer. El equipo del documental es la santísima trinidad del found footage: dos hombres y una mujer, en este caso productor, camarógrafo y directora/narradora. Toda la historia se narra desde la perspectiva de lo que captan las cámaras del equipo, y no escatiman en recursos típicos del género como llenar la casa de cámaras, planos subjetivos muy movidos (demasiado en este caso, diría) y la clásica secuencia final en un espacio oscuro en el que solo cuentan con la iluminación de la cámara y la modalidad de visión nocturna. No me malentiendan, me encantan estos recursos y me asustan, pero la pura verdad es que aparte de la escena que dio origen al famoso gif, The Taking of Deborah Logan no aporta gran cosa al cine de terror. Si lo que busca es una película corta, bien actuada, entretenida y llena de sustos, adelante; de lo contrario con el gif basta y sobra.
-Si no ha visto la película y no quiere spoilers, lea hasta aquí.-
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