El género del found footage, tan trillado y que según algunos está reviviendo el cine de terror, engendró V/H/S, entre muchas otras de las cuales más probablemente el lector habrá visto The Blair Witch Project o la intragable saga de Paranormal Activity. Envidio de verdad a las personas que se asustaron con esas dos películas. Envidio la conexión que logran con un grupo de insensatos hiperventilando con una cámara en la mano mientras documentan su inevitable perdición. Sin embargo, me parece que, sin ser una gran película, el formato de antología de V/H/S es mucho más efectivo en la forma literal de “material encontrado” para impactar al espectador, y para contar varias historias de distintos directores, cada una con sus puntos fuertes y momentos aburridos. Está estructurada como una narración enmarcada cinematográfica en la que hay una historia que encuadra las demás, la de un grupo de tarados que se dedican a actividades saludables como agarrar mujeres por la calle para desvestirlas en cámara, filmar encuentros sexuales sin consentimiento y vandalizar casas abandonadas, dirigida por Adam Wingard, quien fue anunciado recientemente como el futuro director del largometraje estadounidense basado en el manga japonés Death Note. Un cliente anónimo les hace el encargo de irrumpir en una casa y encontrar una cinta de V/H/S que le interesa y, por supuesto, los tarados recorren la casa y comienzan a revisar las cintas una por una mientras sobrevienen los desastres. Las demás historias contadas en V/H/S son las de cinco cintas, cada una un tipo distinto de found footage. La primera, mi favorita, es un patético intento de un grupo de protomachos que le cuelgan unas gafas con cámara y micrófono al espécimen más tímido, con la mala suerte que una de sus conquistas termina siendo un súcubo muy fiel a las descripciones medievales. El abordaje de David Bruckner me dejó con la curiosidad de explorar otras películas suyas como The Signal, y con la expectativa del spinoff de la historia del súcubo, también protagonizado por Hannah Fierman. La segunda, sobre un viaje de un par de recién casados con menos gracia que un gato de porcelana, tuvo el efecto contrario por su narración aburrida y final insulso, y me hizo dudar de ver películas de Ti West que tenía en lista como The Innkeepers, The ABC’s of Death y The Sacrament. La tercera, del director de horror comedy Glenn McQuaid, recupera el ritmo de V/H/S a pesar de ser una mini-slasher con la premisa interesante pero pobremente ejecutada de un asesino misterioso en un bosque que solo puede ser observado como un error de fotografía en cámara. La cuarta, dirigida por el papá del mumblecore Joe Swanberg, está planteada en un formato interesante que comparte con el largometraje Unfriended. Es una historia de terror narrada a partir de la pantalla de un computador y la conversación vía videochat de una pareja, con buenos sustos y un final un poco tirado de los cabellos pero, al menos, propositivo. La última historia es como montarse en una montaña rusa, llevando a los adolescentes insensatos que la protagonizan de un comienzo muy lento a varias secuencias muy intensas visualmente de la mano del cuarteto de directores Radio Silence, que pasaron de hacer una serie de videos interactivos a realizar el largo de terror Devil’s Due, también found footage y estrenado en el 2014. Más que ser una buena película, el aporte de V/H/S está en mostrar diferentes tipos de narrativas a partir de un mismo género, que si bien tienen en común las fallas técnicas, la respiración agitada, la cámara movida y una ruptura particular de la cuarta pared, distan mucho de ser las mismas historias. Por otro lado, es una especie de “menú de degustación” de diferentes directores para explorar más y más películas del boom del cine de terror de las últimas décadas.
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